Sinceramente esperaba encontrarme con otra cosa. Los dirigentes no te brindaban el apoyo necesario, y mucho menos ibas a recibir ese apoyo de los padres de los chicos. Mi salud mental y física estaba siendo afectada, me frustré, me deprimí, me enfermé, y decidí dejarlo. Antes que todo estoy yo, y creo que no estoy preparada para ciertas cosas todavía. Y tampoco tengo la necesidad de pasarlas.
Vos intentás dar la clase, y cuando te diste media vuelta para escribir en el pizarrón, tenés a un nene mordido por el compañero y a una nena llorando porque le revolearon los útiles, entre muchas otras cosas. Un día querés hacer una clase en el patio, para sacarlos del contexto de aula y que se desestructuren un poco, y cada uno salió e hizo lo que quiso. Y ahí tenés al colegio estableciendo normas y rutinas. LAS RUTINAS SON UNA MIERDA. Cuando hacés algo distinto, nadie entiende nada.
Después tenemos a los padres, que mandan a los hijos al colegio como si los pusieran en un galpón para que pasen el día entero ya que no los pueden cuidar porque trabajan o porque simplemente no los aguantan todo el día. ¿Saben qué, papis? NO TENGAN HIJOS. Algún que otro quizás sólo quiere darle la mejor educación a su hijo, en ese caso, CÁMBIENLOS DE COLEGIO. Están ciegos, y no ven que es pura fachada y todo está preparado para el afuera, pero ahí adentro las cosas son distintas, y sus hijos no la están pasando bien. Abran los ojos, yo lo hice. No quería ser parte de eso.
Así que hoy, me armé de coraje y mandé el telegrama. A veces hay que decir BASTA a las cosas que no nos hacen bien. Tenemos una sola vida y hay que cuidarla. Hay que aprovecharla y hacer cosas que nos hacen bien, que nos dan más vida y que disfrutamos.